Era una fría madrugada del mes de enero. Los gritos de una mujer ocupaban todo el castillo gritaba de dolor, pero era grande su felicidad. Estaba en labores de parto, y tenía una sonrisa en los labios agrietados por el dolor. Hoy nacería la esperanza para su pueblo. Nacería la descendencia del guerrero más noble e invencible y de las mujeres más sabias y bellas de todos los tiempos. Hoy nacería su primogénito, y en el recaerían todas las riquezas,… y todas las responsabilidades. Ese bebe debería crecer para convertirse en una leyenda. Su padre, el gran guerrero estaba muy inquieto. El parto se había retrasado, hacia varías semanas que el bebe debería estar entres sus brazos. Se había bebido varías jaras de whisky, pero se sentía como si solo se hubiese bebido agua. Estaba sudando, no podía parar de caminar de un lugar a otro. Le mataban esos gritos de dolor de su reina. Quería un heredero, pero por nada quería que su flor sufriera algún daño. Le daba igual que fuese varón o hembra. Lo único que quería es que terminase todo de una vez.

El dolor no duro demasiado...antes de que la luna empezara a descender se escucho el llanto del recién nacido. Lloraba porque hacía frío, porque estaba lejos del corazón de su madre y porque todo era extraño a su alrededor. De repente sintió otra vez calor, y los latidos de su madre y supo que esos ojos que la miraban darían todo por ella. Deseo, miro a su marido y le entrego a la pequeña. El gran guerrero se sintió vencido en el momento en que la pequeña lo miro a los ojos. Derramó unas lágrimas y se dirigió al balcón con la heredera. Trueno se dirigió a su pueblo y le dijo así: “Aquí tenéis a vuestra reina. Aquí tenéis a vuestras esperanzas. Ella cumplirá las profecías, traerá las lluvias, alejará a nuestros enemigos, juzgará con benevolencia y nunca agachará la mirada. Ella crecerá para gobernar todo bajo el sol con la fuerza de un guerrero y la fragilidad de una flor. No la temáis pues será piadosa, no la subestiméis porque estará educada en las artes y las ciencias. Ella ha nacido para cumplir su misión. Bendita sea”. El pueblo se alzo en “hurras” y vivas. Se decreto días festivos, y todo el mundo supo que no podrían tener nadie más adecuada. Los días se sucedieron y llegaron mensajeros de todos lados para pedir su mano. El rey denegó todas las peticiones alegando que la futura reina sería la dueña de su propio destino. Pero no todos quedaron contentos: algunos se alzaron en armas contra el reino, lanzaron maldiciones, alborotaban al pueblo,… y más. Por ello el rey llamo a los curanderos y magos más poderosos de todas sus tierras y ellos conjuraron para protegerla. Hicieron el más poderoso de los hechizos y para protegerla la marcaron. En la espalda le tatuaron una espada guerrera, para que se defendiera de sus enemigos noblemente y sin piedad. Y junto con esa espada también le tatuaron unas alas, que le recordaran que tenía buen corazón y nunca podrían esclavizarla. La noticia recorrió caminos y pueblos y no hubo nadie que no supiera que significaba ese dibujo. Ese dibujo significaba Titanio, el nombre de una mujer que al igual que el metal era dura y frágil. Significaba esperanza, significaba alegría, significaba luz.

Cuenta la leyenda que fueron tantas las proezas de esa joven, y tanta la valentía que los dioses le otorgaron el don de la inmortalidad. Se decía que pasasen los siglos que pasaran cada vez que su alma habitara un nuevo cuerpo, tarde o temprano ella recordaría esos tiempos de caballeros y nobles empresas. Recordaría los castillos, los sueños de aventuras y pesares. Y sobretodo recordaría el tatuaje…

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