Hace unos meses, desayunando en la cafetería de mi facultad un buen amigo me pregunto: ¿Y tu cómo eres? Y yo me quede perpleja. Le dije: ¿Qué como soy? Y me dice: si. Descríbete. Y me dí cuenta que no sabía definirme. Supongo que quien mejor nos conoce son los amigos, pero no fui capaz de decir más de 10 cosas. Pero si reparamos en lo que nos dicen esos amigos a los que abrimos nuestro corazón, quizás averigüemos algo más. Escuchándoles y mirándome a través del cristal de la objetividad he concluido:
Soy risueña, positiva, subjetiva, sincera, influyente, pasionaria, posesiva, cariñosa, extremista, dulce, controladora, ordenada, atolondrada, pacifica, desafiante, curiosa, impaciente, mística, amante, anhelante, libre, educada, inteligente, inocente, soñadora, perturbable, noble. Soy un tanto egoísta, peliculera, cabezona, payasa, vengativa, rencorosa, presumida, lógica, consecuente, inconstante. Soy luchadora, frágil, realista, pasota, borrachita, bailarina, enamoradiza, fiel, héroe, detallista, elocuente, viajante, dependiente, trabajadora, inquieta, complicada, oyente, consejera, sincera, clara, tajante. Y a veces también he sido asustadiza, temerosa, huidiza, llorona. Pero sobre todo soy amiga, empática, comprensiva, filosófica, ilusa, salvaje, apostadora, prudente, dormilona, mujer…
Todo eso soy, y el otro día llena de desgana, desamparo, desasosiego, y todas aquellas palabras que empiecen por ‘des’ enumere muchos más calificativos a mi persona. Parece mentira como me derrumbo ante los fracasos. Tuve un examen el 1 septiembre, y la nota ha sido catastrófica. Y lo peor de todo es que me hubiese dado igual sacar un 4,9. Porque el hecho es: que me esforcé de verdad por aprobar un examen, puse mis ilusiones, mis ganas, mi ‘meta’ y fallé. Y por las noche no pude evitar llorar de frustración, y la mañana siguiente no pude evitar esconderme bajo las sábanas y por supuesto que no pude evitar mirar hacia atrás (hacía mí pasado) y auto compadecerme. ¿Por qué? La única conclusión es que no se perder. No se asumir mis fallos. Entonces, ¿qué hago? ¿Salgo corriendo?, ¿grito?…Yo deje pasar varios días hasta que me volvieron las fuerzas. Pero eso no es suficiente. No puedo evitar sentirme débil, porque necesito a una persona que me abrace en esos momentos. Necesito que me haga reír, sin tener que solicitar ayuda. Necesito atención y cariño y un buen polvo. Si señores, eso también. Siempre envidiaré a la persona que no necesite el calor humano, o que lo necesita en menor cantidad. Se puede ser un poco más persona, un poco más independiente, un poco más fuerte.
Al final estás semanas no han sido tan malas. Sigo pensando que tengo un buen ángel de la guarda que vela por mí y vigila todos mis pasos. He repartido curriculums por buena parte de Sevilla. Me han hecho una entrevista de trabajo. Me han dado una de la mejores noticias de estos tiempo: Voy a ser ‘tita’ y madrina. Me he esforzado (en el último momento) y creo que he aprobado un examen. Tengo a mis amigas más cerca que nunca. Tengo muchas ganas de seguir adelante y muchos planes. Y mucho miedo de la incertidumbre que es el futuro. ¿Cuándo me voy a volver a volver a enamorar? Quiero volver a ser super-Reyes. Seré egoísta, pero es cierto. Un vez escuche una frase que decía algo así como: “Te quiero por lo que soy cuando estoy contigo” y en mi esas palabras me vienen como ‘anillo al dedo’.
Seguiremos viviendo, yo todavía tengo esperanza en la vida. La vida gira y gira y nunca se sabe donde nos va a dejar.

te falta una palabra, o quizas no...
¿Cuál?¿única?....¿o cuál?