Después de unas palabras dichas de la forma más inofensiva… vino la verdad. Y nuestra guerrera se toco el corazón y le dijo a ese caballero templario que buscará su felicidad. Lo quería tanto que lo dejo volar, a pesar de todo el dolor que sentía. Le dio las fuerzas necesarias para que fuera feliz, y ala vez se desgarró el corazón. Al día siguiente la rescataron sus incondicionales. Se le llevaron al pueblo, a pasear, a que se distrajera. A hablar de todo, y a que se desahogará. Y luego a volver a casa. En su casa nunca se mostraría triste, tenía que ser fuerte. No podía permitir que sus padres se preocuparan porque le hubieran roto el corazón…

Los días que siguieron fueron negros y cortos. Se levantaba cuando el sol estaba bien alto, y después se marchaba a trabajar, sin descanso para evitar pensar. Para que de vez en cuando no le doliera… Luego llegaba a casa, cenaba algo y a dormir. Mientras dormía era más feliz, y se llevo varias lunas escondiendo en su cama para no ver la realidad. Encerrada en esa alcoba y cubriéndose con las mantas.

Empezaron las clases, con sus fieles amigas Luna y OjosAzules a su lado. Con todos los amigos animándola, distrayéndola. Y aún así se pasaba las horas mirando al cielo, y simulando que estudiaba. Se le habían quitado las ganas de ser una guerrera, de vivir, de todo…

Unos días se ponía a pasear por su tierra, sin rumbo fijo, con las lágrimas bajándole por la mejilla. Para que el viento se llevará todo ese dolor. Por las tardes trabajaba en el orfanato sin descanso. Muchas veces pensó que si sus niños no hubiera sobrevivido. Sin ese mundo feliz, le hubiera ahogado la tristeza. Pasaban los días y Luna le traía noticias de ese caballero hasta que le pidió que no le contara nada más. Quería cerrar esa puerta, aunque no quería. Quería desaparecerlo de su vida, y volver a ser lo que siempre fue. Ningún fin de semana estaba sola, toda su gente la buscaba y la apoyaba en cada momento. Y ella, dentro de todas esas tinieblas comenzó vegetar. Llego el momento que solo le importaba las risas de los niños, y las historias de su gente, y se olvido de su vida. Ya no quería vivir en ella. Solo se dejaba llevar por la corriente y de vez en cuando luchaba un poco por su vida. Perdió el apetito, y adelgazó. Con el dinero que ganaba encargo retratos de sus amigos para tenerlos siempre cerca. Y le compro regalos a su familia. Salía por las noches y no paraba de reir, y cuando llegaba a su alcoba se dormía llorando. Lloraba por las calles, y montada en su caballo pidiendo a gritos un ángel de la guarda que la sacara de la oscuridad.

Por esa época apareció en su vida un cachorrito de perro. Y dentro de toda esa oscuridad, ella comenzó reír, y a disfrutar del día a día. Con ese ser vivo llamado “Nieves” que le revolucionaba la alcoba, las vestimentas, y toda la casa. Y le dio la vidilla que le faltaba. El dolor estaba ahí, pero cada vez estaba más oculto. Las navidades estaban próximas y Titanio las temía demasiado. Temía no poder sonreír, temía echarlo de menos, temía el recuerdo de los planes construidos, Temía muchas cosas, pero para eso todavía quedaba tiempo…

No tenía consuelo, pero luchaba día a día. Juro que nunca se volvería a meter en una guerra ajena, prometió que nunca más se volvería a enamorar. Ahora ya sabía que era llorar habiendo amado, y no quería repetir. Se encerró en su mundo y el invierno hizo el resto.