Hola mi vida, preciosa. Te mando esta carta para decirte que en varios días estoy allí. Que no te preocupes, yo te cuido como siempre. Estoy orgullosa de ti, por haber cortado las cadenas. Porque yo se te cuanto te duele. Quién te quiere no te hace daño. Yo se como lo tienes que estar pasando. Pero no te preocupes, pronto estaremos juntas las dos luchando contra viento y marea. Yo se que tu puedes, aunque te duela el alma. Tú puedes con todo. Tu gente va a estar ahí para apoyarte, para robarte una sonrisa, y para abrazarte cuando tengas frió, cuando te sientas sola.

Eres una loca, y hay guerras que te quedan muy grandes. Ofreces tu corazón en bandeja y eso no se puede. No te quieres dar cuenta de que el mundo no funciona así. No te quieres dar cuenta de que tu corazón es frágil. Te voy a llevar un trozo de cuero para envolverlo y alrededor espinas, para que la próxima vez que se te ocurra desenvolverlo. Te pincharás y con esa sangre derramada y ese dolor, recordarás cuanto duele. Por que duele mucho, duele de verdad el corazón. Parece que se va a parar.

Si me pongo a mirar hacia atrás, pienso que porqué no te dejo perdida en la oscuridad. Por qué te saco de su mano, para luego destrozarte el alma. ¿Por qué? Dicen que todo ocurre por alguna razón…

Ahora solo te quiero pedir que seas fuerte. Que te levantas cada mañana mirando al frente. Porque lo fácil es dormir, porque así no se piensa. Porque así no duele. Quiero que camines por tu Sevilla, que te comas el mundo. No te importe si las lágrimas caen unas detrás de otras. Que no te importe si no puedes ver. Que no te importe nada… poco a poco todo desaparecerá, y un día llegará un caballero con ojos de chocolate y te devolverá las ganas de vivir. Pero mientras vive. Vive…y haz que la vida valga la pena.