Era una tarde soleada de primavera. Las flores alegraban con sus colores todos los rincones, y una suave brisa suavizaba el efecto del sol radiante. En un jardín de una casa había una mesa rodeada de sillas. En una de ellas, una anciana de cabellos plateados degustaba unas apetitosas fresas mientras disfrutaba del agradable día.
-¡¡Abuela, abuela!!
De lejos, correteando entre unos perros, se acercaba una pequeña con los cabellos rizados, de color azabache. La felicidad iluminaba su cara. Y su abuela no podía disimular cuanto la quería.
-¿Qué pasa?, ¿Porqué tanto alboroto?
-Alec me ha dado un beso en la boca. Es asqueroso. Le he dicho que nunca volveré a dirigirle la palabra. ¿Por qué lo ha hecho, abuela?
A la anciana se le asomo una sonrisa a la cara. Su niña con siete añitos, y ya tenía a enamorados. ¡Como pasaba el tiempo! Le habían dado un beso, y no le gustaba. Ya le gustaran. Ya se enamorará.
-Lo habrá hecho porque te quiere mucho.
- Pero, abuela, no tiene derecho. Yo también lo quiero mucho, es mi amigo desde siempre. Pero por eso no voy baboseándolo.
De la anciana empezó a reír, pero su nieta estaba seria.
- Es que no puede ser. El y yo siempre estamos jugando, somos los mejores amigos.
-Pero cariño, eso no tiene nada que ver.
-Como que no. Nosotros nos lo pasamos muy bien untos y no quiero que acabemos mal. Fíjate en papa y mama, otra vez andan como el perro y el gato. No se cansan. Nos van a volver a todos locos.
-Tú eres muy pequeña para entenderlo. Pero ellos son así. Son como el mar y la roca. Cuando hay temporal no dejan de entre-chocarse, pero cuando todo esta calmo, se acarician. Ellos tienen mucho coraje dentro. La gente suele decir que tienen la sangre caliente. Y con nada provocan un terremoto. Pero se quieren con locura.
-Te juro que no los entiendo. Yo no podría estar todo el día así. Es como vivir en una continua guerra. Tiene que ser agotador.
La anciana comienza a reír otra vez .
- Como te dije tienen mucho coraje dentro, mucha energía.
-Abuela, tu también tienes esa energía dentro, ¿no? Por eso eras una gran guerrera.
-Claro.
-¿Y también discutías con el abuelo David?
-A veces, pero no mucho. El abuelo David era un hombre de paz.
Y Titanio se quedo pensando: Pero si discutía muy mucho con tu verdadero abuelo. Con él las batallas eran verdaderas. Eran agotadoras. Unos días no parábamos de reír y de darnos besos, y otros sin embargo saltaban chispas a nuestro alrededor. Pero fue una de las épocas más felices de mi vida. Si me dieran a elegir, volvería a escoger ese camino. Pocas personas consiguen con una simple mirada, tocarte el corazón…
-¡Soma, Soma! ¡A comer!
Una mujer risueña la llamaba desde la puerta de la casa.
-Abuela, mama me llama. Voy corriendo. ¡Tengo un hambre!
La niña sonrió. Y marcho para la casa.
Titanio se quedo pensando en su nieta. Cuanto le quedaba por vivir, cuanto por aprender, cuantas risas, cuantas lagrimas. Ella también tenía el corazón de una guerrera, pero le quedaban muchas batallas por librar y tenía que ser valiente. Pero lo importante era que cada decisión que tomara, la tomara desde el corazón.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados