El tiempo pasa demasiado rápido, y día a día no nos percatamos de lo que realmente importa. Pero cuando llegan estas fechas uno hace cuentas y sabemos muy bien lo que volveríamos a repetir de la misma forma, exactamente igual. Y que nunca volveríamos a hacer. ¿Qué puedo decir de este año? Pues que ha terminado mucho mejor de lo que empezó. He descubierto que la felicidad se elige, pero sin amor no sirve de nada. Este año he conocido a gente pata negra. Conocí a una mujerona guerrera llamada Elisabeth, a Lauri, a José y junto con Irene viví todas esas juergas en busca de la paz interior. ¿Qué sería de esas “botellonas” y de esos consejos que me dio mi chica BMW? Siempre estará en mi corazón. También conocí a un pícaro con buen corazón llamado Luca, que me enseñó cosas a sobre las batallas de la vida y del amor también. Y una niña llamada Aurora a la que le solté todos los pesares de mi alma cuando no los podía sujetar dentro de mí. Pero ella sabe que mi locura era momentánea. Y también a una de las niñas más dulce, Isabel que parece que nos da tranquilad con sus sonrisas. Es un don envidiable. Más tarde conocí a los loquitos de Estepa: Ángel, Pedro,…y esos días de juergas y parques. Nunca olvidaré todas esas sonrisas, todos esos días de vivir, de hacer que la vida sea más que respirar.

Si algo hecho de menos (egoístamente) es de cómo me cuidaban todos cuando mi alma esta negra. Me encantaba, y ahora me toca a mí cuidar de todos, pero sin olvidarme de mí misma. Si tuviera que construir un puzzle de este año, no faltarían las piezas de las cenas con mi Sara e Iván y mi Cristina y Salva (que aunque me volvían loca de tanto picarme, es su forma de hacerme reír). También mi Sonia y su Ismael, y hasta Jesús con sus ocurrencias. Esos días de cines y de kebap.

Otra de las piezas importantes sería las de los cafés mirando unos ojos de chocolate, y esos días de estudio con mi niña más diplomática: Paquí. Todas esas tardes en camelot, con problemas y con miles de risas. Trabajando codo con codo con amigas de verdad.

Luego están mis niños de la universidad: Estela, Manu, Sole, Dani, Sarah, Rosa, Javi, Ale, Rebeca. Todos esos encuentros en la sala de estudios, los consejos, los almuerzos corriendo, las meriendas, los trabajos y las risas…

Son tantas cosas, tantas vivencias, tantas locuras. Que, ¿sabéis una cosa? Sin cada uno de vosotros mi vida no sería la misma. Yo no sería la misma. Y lo más importante mi corazón no latería de la misma forma. Da igual a quien queramos, da igual a quién amemos o quién odiemos. Lo más bueno que hay en esta vida es sentir. Hubo una época en mi vida, en la que mi alma estaba rodeada de las tinieblas y doy gracias a todos vosotros ( y a algunos de forma particular), y a la vida misma que sea capaz de enamorarme. Si un día hubiera algo que toca mi corazón y no fuera capaz de alterarme, de sonreír, de enfadarme, o de entristecerme… no sería yo. Si un día no me llevasen los demonios porque hay algo que atormenta mi alma, si llegase un día que no se me cayera la baba por alguien… por favor, os pido que me deis un guantazo bien dado. Si llega un día que no me circule la sangre por las venas, contarme una historia de las de Titanio. Si un día no me entregase en cuerpo y alma por lo que creo, despabilarme.

Para estas navidades y este año nuevo (el año del chocolate) solo os deseo dos cosas: que encontréis vuestro lugar y que cuando lo encontréis lo disfrutéis cada día como si fuera el último.