Hoy es la noche de navidad y he prometido pasármelo lo mejor posible con mi gente. Todo el clan se reunirá en mi casa. Ya conseguí los víveres: el ron esta preparado, y los frutos secos también. Habrá dulces y las vestiduras también están expectantes. De la música se encarga el gran guerrero de la flor de liz y todo se presenta perfecto (dentro de lo que cabe). Mi herida no ha cicatrizado del todo, pero jamás verán correr la sangre, (ni las lágrimas). No puedo hacer que se preocupen. No puedo meterlos en mi infierno, nadie puede hacer nada y se como es preocuparse por los seres amados. Bastantes locuras hice ya en nombre del amor. Esta vez habrá cordura aunque en estas fechas, la ausencia de ese mercenario sea mayor.

Será que mi inteligencia no era tanta, o quizás que en las cosas del corazón todo es imprevisible. Esa vez perdí. Perdí lo que tenia por amar demasiado. Todavía no he vuelto a ser la misma. No recuerdo una noche peor en todo mi existir. Ninguna peor que en la que todo acabo. Di mil vueltas en la cama, y el sueño no me acunaba. Me desperté mil veces, con los ojos húmedos. No pude dejar mi sufrimiento hasta bien avanzada la noche, y cuando desperté todo fue peor. Solo podía llorar. Llame a mis más fieles compañeras, a las mosqueteras. Ellas han estado conmigo en cada momento de mi vida, y ahí no pudieron fallar. Jamás había llorado tanto y en los días que prosiguieron, jamás me sentí tan desolada. La comida no me apetecía y llegue a pedir a los dioses que me llevasen con ellos. No podía con ese sufrimiento. Cada noche me dormía soñando con su regreso y con el paso de las lunas, comprendí que ese sueño no era real. Quizás mi madre de cuna (la madre de la mía) no lo había puesto en mi destino. ¿Sería que todas las casualidades fueron organizadas e inventadas por mí? ¿Me cegó tanto ese amor que perdí mi objetividad, mis ideales, mi amor por mi misma?

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Primero ha sido el banquete familiar. Las sonrisas estaban en la cara, y como siempre nos acordamos de los que faltaban. Pero eso no empañó la velada. Pero no todo iba a salir a pedir de boca…Casi a la hora de los festejos llego una paloma mensajera con malas noticias: los amigos de la zona de los olivares no iban a venir, las viejas enemistades lo impedían. Quizás había cosas que no se podían cambiar, pero dolían.

Luego la noche se sucedió bien. Aunque no se bailó mucho, la música no dejo de sonar. Las charlas y las risas no cesaron. Se contaron historias, se hablo de enigmas. Se hicieron bromas y hasta algunos retratos. Las doncellas estaban todas bellísimas y los caballeros muy apuestos. Y mientas pasaban las horas, esa guerrera era tan feliz, y a la vez se sentía tan vacía. Es cierto eso que dicen que una vez que has amado, ya siempre vas a añorar esa forma de sentir, esa forma de estar viva. ¿Alguna vez habéis sonreído solo para que los demás no se preocupen? Es una de las cosas más tristes. Es estar entre la espada y la pared. Se hablo del destino, del verano, de lujares lejanos, y de profecías. Y pesar de la tristeza ella supo que ese era su lugar, entre su gente. Esos amigos que están en las buenas y en las malas. Los que nunca fallan, aunque a su lugar le faltaba un “algo” muy grande.

Cuando todos se hubieron marchado, la gran guerrera apago las velas y se marcho a su alcoba. Y cuando se quito la ropa, las joyas, y el disfraz ya no tuvo fuerzas. Las lágrimas empezaron a correr por su mejilla, y poco a poco se sentó en el suelo. Ni siquiera sentía lo frío que estaba. Se abrazo y maldijo el día que se arriesgo a amar. Ese día que decidió que ella viviría la vida, que no se enamoraría. Ja! Ja! Se maldijo a sí misma, porque ni todos sus días de dicha recompensaban lo que sufría ahora. Sentía que el alma se le desgarraba por dentro, sentía que nunca volvería a ser la misma. No hay derecho a entregarse por completo recibiendo a cambio desamparo y olvido. Se durmió llorando y despertó unas doce horas después porque solo en sus sueños era feliz.

Aún recuerdo esa navidad como si fuera ayer. Muchas batallas se han librado desde entonces, pero nunca olvidará todas esas lágrimas y esa desesperanza.