Titanio

Había una vez una guerrera. Todos la llamaban Titanio. A pesar de su corta edad había librado muchas batallas. Pero no en los campos, ni en las calles, sino en interior. Había una lucha constante entre su cabeza y su corazón. Tenia un espíritu libre. Y creía en hacer las cosas cuando las mandase el corazón. Pero no siempre se atrevía, porque en el fondo para ella lo más grande era una amistad.

Tras muchas batallas, se había desencantado de la vida, y por eso nunca se perdía una fiesta, quería vivir la vida al máximo, y nunca volver a equivocarse. Nunca volvería a ilusionarse con cuentos de príncipes azules, porque en la ilusión está el dolor. Tomaba la vida como una aventura, pero no se implicaba. Quería vivir cada segundo. Y así lo hizo. Trabajaba, se ilustraba y baila con la luna cada noche.

Un día conoció a un noble caballero, y aunque le encantaba, se enfadaba con sus amigas guerreras, cuando la animaban, y la ilusionaban. Por que siempre pasaba lo mismo, y estaba harta de sufrir. Siempre se ilusionaba con castillos, que en el aire se desvanecían. Esta vez no ocurrió así. Ella siempre tuvo las cosas muy claras. Sabía muy bien lo que quería en la vida, en su vida. Y estaba muy a gusto cuanto estaba con él. Era casi como una costumbre. Ni se sentía incomoda, ni quería irse, ni le resultaba pesado ni nada. Y un día cuando tenía muchas ganas de verlo se arriesgo.

En aquella fiesta en alcohol corría a raudales, y entre una cosa y otra lo propio ocurrió. Ella no sabía que pasaría a la mañana siguiente, pero le daba igual, solo quería vivir el momento, si al final se le rompía el corazón sería un grieta pequeña. Porque no pensaba hacerse ilusiones. Iba a ser fiel a si misma. Valiente a medias.

Poco a poco se fue dando cuenta de que la cosa iba más en serio, y estaba feliz, porque eso es lo que ella buscaba. Pero aún entonces le daba miedo hacerse ilusiones, y vivía cada día como el último. Hay heridas que aunque creas que han sanado, pueden seguir ahí. Viajaron por montes y mares, los caminos eran largos y entretenidos, y aunque cada uno tenía su forma de ver las cosas. A veces eso no importaba, eso era lo de menos. Para eso están las palabras, para explicarnos, para ayudarnos y para conocernos. Un día subieron hasta las estrellas. Fueron a festejos, danzaron bajo las estrellas, y durmieron en posadas. A veces, la guerrera sentía que un fantasmas los rondaba. Pero ella experta en batallas, no le temía. Ella sabía cuanta fuerza tenía el pasado. Como todo los que nos sucede nos convierte en quienes somos. Y nunca le temió, porque ella no quería pensar en un futuro, le daba demasiado miedo. Ella conocía las artes mágicas, y sabia que los buenos sentimientos tienen más fuerza que nada.

Paso a paso, beso a beso, con caricias y risas, ese cuero que protegía su corazón se fue cayendo. Ella no se dio cuenta. Pero su interior sabía que no lo necesitaba, y simplemente se fue desvaneciendo. Y la guerrera pensaba que todo seguía igual, que había que vivir el día a día. Era sabía muy bien lo que quería. Ella quería estar con él, y mirada a mirada se ilusiono de verdad, pero no se daba cuenta.

El fantasma los seguía rondando, o al menos eso sentía. Pero ella no le daba importancia. No le daba miedo. Pensaba que podría luchar con él. El le contaba las historias de su vida, y ella estaba feliz, porque sabía que esas cosas no son fáciles de contar. Esas cosas no se cuentan a cualquiera. Quizás confiaba de verdad en ella. Quizás creía en su magia. Quizás la creía parte de sí.

Y un día lo vio. Vio al fantasma, y no era monstruoso. Era un ángel con alas negras, y de sus plumas parecía que caiga sangre. Y entonces Titanio se dio cuenta de muchas cosas. De que ya no era como ella pensaba, de vivir cada momento como si fuera el último. De que ya no tenía su capa protectora. Porque una cosa es luchar contra un fantasma y otra muy diferente contra algo vivo. Se dio cuenta de que esa batalla la podría perder. Empezó a dudar de si su caballero estaba con ella porque quería, o porque le daba mucho miedo la soledad. Se asusto porque lo quería de verdad, y porque le aterraba enfrentar la verdad. Y porque le dolía su dolor (el del caballero) mucho más que su traición(que en verdad no era tal cosa). Se dio cuenta de que no era tan guerrera, y más bien una mujer. Se dio cuenta de que tenia mucha templanza, pero era vulnerable. Supo que quería firmar un pacto titulado “antes que amantes, amigos”. Supo que esta vez sería valiente. Se dio cuenta de que quería ayudarlo a que el fuera feliz. Aunque se le rompiera el corazón. Y así supo que era estúpida, por rendirse. Y que tal vez seguía siendo una niña.

Y entonces decidió ser valiente. Y pensó que la mejor forma de sacar todo lo que tenía por dentro, era con palabras. Porque de otra forma, le costaría demasiado trabajo. Las historias son una de sus mejores armas. Decidió que pasará lo que pasará siempre es mejor la verdad, a la incertidumbre. Y que esta vez lucharía de verdad, no se iba a dejar ganar.

Sevilla, 18 de septiembre de 2006